viernes, 24 de julio de 2020

BARCELONA, ESPAÑA (Segunda Parte).



Ya en la anterior entrada referente a ésta gran ciudad les había platicado de algunos de sus puntos más conocidos y turísticos como: las Ramblas o el Parc Güell. Pues bien, ahora les mencionaré de otros sitios que podrías conocer en la capital catalana si dispones de más días para recorrerla.

Barcelona es vibrante, hay mucha población joven y de todos los rincones del mundo. Me atrevo a decir que es quizás la ciudad más cosmopolita de España y que gracias a los Juegos Olímpicos de 1992 que se realizaron aquí, la urbe detonó su vocación turística como nunca antes.



Como mencioné previamente ésta ciudad es muy caminable y te invita a descubrirla cuadra por cuadra. La zona centro destaca por la Plaza de Catalunya que bien podría considerarse como la principal de la ciudad. Desde éste punto puedes dirigirte hacia el Malecón, las Ramblas, el Barrio Gótico o bien tomar el metro para dirigirte a la zona comercial de Les Glories.



Plaza Catalunya cuenta con edificios muy bonitos e interesantes para fotografiar, además encontrarás muchas tiendas de ropa y grandes almacenes en sus alrededores. A unos pasos puedes toparte con la Catedral de la ciudad que, sin ser tan famosa como la Sagrada Familia; posee un encanto por su arquitectura gótica en particular.



En el Barrio Gótico puedes encontrar muchas tabernas para tomar una cerveza o comer un refrigerio antes de continuar tu camino. Esta zona tiene calles estrechas casi a modo de laberinto llenas de comercios de todo tipo así como galerías de arte.



Otra alternativa para disfrutar de la ciudad es caminar a lo largo de Paseo de Gracia, una gran avenida arbolada con amplias banquetas y aparadores de boutiques y casas asombrosas, como la Casa Batlló que fue diseñada por Gaudí.




La zona del Malecón te permitirá disfrutar de una brisa refrescante al caer la tarde mientras ves llegar cruceros procedentes de otras partes de Europa. Aquí se encuentra el centro comercial Maremagnum que cuenta con restaurantes y tiendas principalmente de ropa.




Por último otro de los centro comerciales más concurridos de la capital de Cataluña es Les Glòries, ubicado al noreste de la ciudad en donde podrás pasear. tomar un café ó comprarte un helado. Cerca de ésta sitio está la Torre Agbar con su peculiar diseño en forma de bala que por las noches tiene una bonita iluminación.





En fin, Barcelona es una ciudad muy completa, desde luego existen más atractivos por descubrir en ella como el zoológico, el acuario, los museos o el teleférico de Montjuic con impresionantes vistas panorámicas. Sin embargo espero que con estos tips para 2-3 días, tengas una idea en general de lo que puedes experimentar durante tu estancia en una de las metrópolis más grandes de Europa.

domingo, 5 de julio de 2020

Europa en ésta década : Capítulo 1 (Tercera Parte 2011)


Saliendo de los Países Bajos el siguiente destino era llegar a Bruselas, la capital de Bélgica. Recuerdo que en el trayecto el tren realizó algunas paradas de las cuales, dos llamaron mi atención por ser ciudades muy interesantes que desafortunadamente, no tenía contemplado visitarlas en ésta ocasión.

Rotterdam y Antwerp (Amberes) se mostraban ante mí por cuestión de breves minutos dejando en mi mente la idea de conocerlas con tiempo en un futuro, pues ambas ciudades poseen arquitectura muy interesante especialmente Rotterdam.

Llegamos a Bruselas antes del medio día y nos fuimos a registrar en el hostal. Inmediatamente después de dejar nuestras pertenencias regresamos a la estación de trenes para tomar el próximo a la cercana ciudad de Brujas.



Había escuchado cosas de ésta población pero sinceramente no esperaba encontrarme con un lugar con tanto encanto como éste. Calles empedradas, edificios medievales, iglesias muy altas y canales serpenteando entre callejones y casas con floreros en las ventanas. Sí que era toda una maravilla.


Apenas comimos nos fuimos a conocer el Museo del Chocolate y las iglesias de la plaza principal. Después recorrimos las angostas y fascinantes calles de Brujas que te transportan sin duda a un escenario del medievo, con puentes empedrados, casas con maderos y fuentes por doquier. 







En verdad que ésta población merece por lo menos dos días para ser recorrida con calma y a gusto, sin prisas o sin presión de tener que dejarla para continuar hacia otro destino.
Brujas tiene un parque urbano frondoso con un lago donde muchos cisnes nadan tranquilamente y parecieran estar completamente acostumbrados a los turistas.



Canales


Desafortunadamente la tarde llegó pronto y teníamos que volver a Bruselas para dormir. Dejamos ésta maravillosa ciudad y nos fuimos a la capital del país, donde al día siguiente apenas y tendríamos 5 o 6 horas para conocer lo más que pudiésemos, pues a media tarde nos conducirían hacia Frankfurt nuevamente para tomar un vuelo rumbo a Roma.


Brujas


Bruselas es una ciudad de mediano tamaño y mucha modernidad. No es la ciudad más interesante arquitectónica o culturalmente hablando de Europa pero tiene detalles que la hacen merecedora de una visita.



Conocimos el Atomium, una estructura metálica que asemeja un átomo y que en realidad es un museo interactivo. Está situado a un costado del estadio de fútbol del Rey Baduino donde juega la selección nacional sus partidos oficiales.



Después nos trasladamos en metro hacia el centro de la urbe para conocer algunos de sus edificios y calles. Bélgica es un país donde dependiendo la región en la que te encuentres se hablará francés, neerlandés o alemán.






Quise practicar un poco mi francés por última ocasión en ese viaje a Europa y admito que me costó mucho trabajo comprenderlo, pues la variante belga se me hizo más compleja que la que había escuchado en París o Lyon semanas antes.




De Bruselas nos fuimos en carro hacia Alemania a donde llegamos casi a media noche. No sabíamos si dormir, lavar ropa o quedarnos despiertos acomodando todo pues había que tomar camino de una hora hacia el aeropuerto de Hann, desde donde salía nuestro vuelo para Roma a primera hora de la mañana.




El vuelo de Hann en Alemania a Roma, Italia duró cerca de 2 horas las cuales dormí completamente, pues hasta éste punto el cansancio era mucho por los días acumulados, las asoleadas, las caminatas entre otras situaciones.

Yo me encontraba muy contento pues por segunda vez en el mismo viaje estaría en Italia y qué mejor que conociendo su capital, la gran ciudad eterna.

Roma es una urbe increíble, muchos comentarios negativos tenía sobre ella "que si era sucia", "que si robaban carteras", "que si era caótica" etc... pero la verdad es que tuve una muy buena experiencia en ésta capital y traté te aprovechar al máximo el tiempo que disponía.





Inmediatamente lo primero que hicimos después de dejar las cosas en el hotel y descansar un poco fue ir a contratar un servicio de visita panorámica para darle una peinada a la ciudad de manera general. Me asombré mucho al ver el Coliseo, el Altar de la Patria que es un inmenso edificio color blanco y las plazas públicas con monumentos que están por doquier.



La visita al Coliseo nos tomó dos horas y pudimos disfrutar imaginando todo aquello que se llevó a cabo en dicho sitio durante la época romana. En verdad que ésta metrópoli es todo un museo al aire libre. Encuentras ruinas, plazas y edificios antiquísimos llenos de cultura e historia. 





Me di un tiempo de visitar el Estadio Olímpico donde en 1990 se celebró la final del Mundial pero desafortunadamente había un evento privado y no hubo visitas al recinto. Tuve que conformarme con verlo desde afuera.

Al día siguiente conocimos más rincones de la ciudad y nos sorprendimos de lo bulliciosa que es la zona de la Fontana di Trevi, donde puedes comer pizza y sobre todo unos ricos helados en cualquiera de los múltiples establecimientos que hay.




Una visita a ésta ciudad italiana no está completa si no visitas el Vaticano. Seas o no creyente o católico la verdad vale la pena conocer la Santa Sede ya que se trata de un Estado dentro de una ciudad de un país extranjero.






El Vaticano es un micro país que más bien equivaldría a un barrio o colonia de cualquier ciudad en el sentido de su ubicación y tamaño. Por dentro hay un museo donde puedes ver la Capilla Sixtina y la Basílica de San Pedro con su enorme cúpula.



Conocí el interior de la principal catedral católica cristiana del mundo entero pero mas allá de ir a sus catacumbas o ver los restos de los anteriores papas, me enfoqué en subir caminando hasta la parte alta de la iglesia, desde donde pude tomar unas fotografías maravillosas de la ciudad. Vale mucho la pena subir hasta el techo si te encantan las fotos panorámicas.




De Roma tuvimos que partir hacia Barcelona desde el aeropuerto Leonardo da Vinci ubicado a solo 25 kilómetros al poniente. El vuelo salió retrasado y cerca de media noche ya estábamos nuevamente en la ciudad condal, donde casi un mes antes había comenzado todo.

Los últimos tres días en Europa los pasamos en Barcelona arreglando maletas y ultimando detalles. Tuve la idea de agarrar un tren y conocer un poco más de España como por ejemplo Madrid, pero sinceramente ya me encontraba muy cansado y casi sin dinero como para emprender un viaje así.

Madrid quedaría para mejor ocasión como muchas otras ciudades y poblaciones que conocí o que admiré durante algún trayecto que realicé.

Le sacamos el mayor provecho a nuestros últimos momentos en Barcelona visitando el malecón, el centro comercial Les Glories, la Torre Abgar, las fuentes de colores y sus avenidas como la Gran Vía o Paseo de les Corts Catalans.




En mí habitaban muchísimos sentimientos y sensaciones encontradas a raíz de éste viaje maravilloso. Jamás volví a ser la misma persona y creo que evolucioné un poco más al conocer otras partes del planeta. 








Siempre diré que un viaje es enriquecedor sin importar la distancia o el lugar. Uno en la medida de lo posible debe experimentar éste tipo de situaciones con la finalidad de crecer como persona. Europa me había dejado maravillado y desde ese momento supe que siempre querría regresar cuantas veces me fuera posible en la vida.



El vuelo de regreso a la Ciudad de México fue muy largo y en total oscuridad, regresé a mi país con la maleta cargada de recuerdos, revistas, mapas, llaveros pero sobre todo, con la satisfacción de cumplir un sueño y con la llama más que encendida para poder regresar algún día.








lunes, 15 de junio de 2020

Europa en ésta década: Capítulo 1 (2011 Segunda Parte)



Continuando con mi relato acerca de mi primera experiencia por Europa ahora me toca hablar de la segunda parte de ese maravilloso viaje.

Después de haber pasado muy poco tiempo a mi parecer en Múnich conociendo algunos de sus atractivos, tomamos la autopista rumbo a Salzburgo en Austria.

Era la primera vez que viajaba en auto en Europa y las carreteras alemanas me llamaron mucho la atención por su diseño, su impecable calidad material y su señalética siempre ordenada y correcta. Me parecían inclusive de mejores estándares que las autopistas estadounidenses que hasta esa fecha había conocido y el paisaje bordeando los alpes bávaros era increíble no obstante la tarde era nublada y por ratos lluviosa.



Mi primer día en Salzburgo en realidad fue para instalarnos en el hotel que a decir verdad, era una cabaña alpina muy grande y muy bonita. Nunca me había hospedado en un chalet de ese tipo y me encantó que contara con pizzería y mini boliche en la planta baja aunque no lo utilicé.



Al día siguiente visitaríamos el centro de la ciudad que ha sido por cierto, una de las más bonitas que he conocido. Salzburgo es igualmente atravesada por un río que divide la parte antigua con la moderna por así decirlo y hay una gran cantidad de iglesias, catedrales y parques. Me llamó la atención la calle principal llena de tiendas y restaurantes así como el castillo en la loma desde donde la ciudad se contempla de maravilla.





Tomamos un bote por el río Salzach rumbo a un lugar donde encontraríamos jardínes y figuras como sacadas de un cuento. El lugar se encuentra a las afueras de Salzburgo y se llama Hellbrunn. Después de pasear por los jardínes y el palacio adyacente retornamos al centro de la ciudad para dirigirnos a la casa de Mozart, donde veríamos algunos de los muebles e instrumentos musicales que utilizó mientras realizaba música. Por aquél momento comencé a sentir un fuerte dolor de cabeza como los que ocasionalmente me dan y pensé que sería pasajero, desafortunadamente no fue así y por las próximas 3 horas tuve que soportar un intenso malestar que me impidió disfrutar a plenitud el recorrido posterior a la cervecería Stiegl.  



Apenas y pude comer aquella tarde debido al fuerte dolor que incluso me hizo separarme del grupo para sentarme en una mesa aparte. Me tomé pastillas pero el dolor no se iba. Después de una hora y de solo comer las papas fritas de la hamburguesa que solicité el dolor comenzó a descender justo cuando partíamos de vuelta al hotel. En el camino ya al estar anocheciendo recuerdo encontrar encantadora la ciudad con sus calles iluminadas y el ocaso detrás de los alpes.

Al día siguiente y ya sin dolor alguno pude aprovechar mucho mejor de la ciudad. Subimos la colina donde se ubica el Castillo- Fortaleza de Hohensalzburg y quedé fascinado con las vistas desde ahí, pues pude contemplar toda la ciudad e incluso los alrededores y la frontera con Baviera en Alemania. No cabe duda que Salzburgo es una ciudad que merece ser visitada más de una vez y preferentemente con dos días como mínimo de tiempo.



Tomamos nuevamente carretera entre los alpes hacia el sur para llegar a la famosa caverna congelada de Eisriesenwelt, donde después de subir por un camino secundario y disfrutar las panorámicas alpinas, tuvimos que caminar por un sendero hasta llegar a la caverna. Desafortunadamente no te dejan tomar fotos adentro pero vale la pena la visita si tienes tiempo y te gusta admirar el paisaje boscoso y las cumbres de las montañas.






Abandonamos la región de Salzburgo haciendo una parada para comer cenar en un restaurante de la cadena austriaca Rosenberger, se trata de una cabaña ubicada en un parador de carretera en el cual di una gran comida. El servicio es casi como de buffete y puedes servirte de muchas ensaladas, carnes, papas, postres, pescados etc. Lo recomiendo ampliamente pues además del buen sabor de sus platillos el menú es amplio.




Viajamos parte de la noche hasta llegar a la zona del Tirol, donde estaríamos hasta la tarde siguiente. Innsbruck fue la ciudad que ahora tocaba conocer y debo decirles que también me fascinó. Ya días antes y en camino hacia Múnich desde Verona el tren hizo parada en ésta ciudad que es conocida por sus pistas para esquiar en invierno.



Innsbruck es un lugar encantador, sus casas, palacios, iglesias y pórticos son muy bonitos. Es como una ciudad medieval enclavada en los alpes y atravesada por el río Inn. Aquí solo estuvimos unas horas desafortunadamente pues había que continuar rumbo al norte hasta alcanzar Trebur en Alemania. Las pocas horas que pasé en Innsbruck las disfruté y prometí que algún día volvería. 




El resto de la noche y parte de la madrugada se recorrió gran parte de Alemania pues había que llegar a un suburbio de Frankfurt llamado Trebur para pasar la noche. La casa era de una de las personas que nos habían hecho el favor de trasladarnos en carro los últimos días y de ahí tomaríamos el tren por la mañana hacia Hamburgo, al norte del país.

Tristemente no pude tener minutos en la capital financiera de Alemania para poder fotografiar sus grandes rascacielos y por consecuente el skyline que se forma con ellos. No logré encontrar un espacio mínimo para presenciar dichos edificios y solo tuve que conformarme con verlos alejarse a medida que el tren partía al norte. Por supuesto que me prometí regresar un día para poder fotografiar con más calma el skyline.

El camino fue muy largo y cansado. Estábamos desvelados y con mucho trajín a cuestas. Dormí por varios lapsos del recorrido apenas abriendo los ojos cuando llegábamos a alguna de las estaciones intermedias. Llegamos a media tarde a Hamburgo, la segunda ciudad más grande e importante de Alemania.



Después de instalarnos salímos a aprovechar lo que quedaba del día recorriendo la zona del puerto y comiendo en un barco restaurante del muelle principal. Hamburgo me maravilló por su arquitectura que más bien, es todo un museo de estilos y clases arquitectónicas. En una sola calle o cuadra podías encontrar muchos estilos de casas y edificios, desde el barroco hasta el moderno, minimalista y de ladrillos, californiano o bauhaus. Era realmente increíble el deleite visual además de la gran cantidad de iglesias con sus torres muy altas.



Al día siguiente tomamos un tour por un pequeño bote que parte de la zona centro de la ciudad y te lleva a rodear el lago desde donde puedes apreciar más de la urbe. Después recorrimos en un autobus panorámico parte de Hamburgo y terminamos comiendo cerca del hostal donde nos quedamos. Había que descansar y prepararse para el viaje del día siguiente rumbo a Amsterdam.





Para viajar de Hamburgo en Alemania hacia Amsterdam la capital de los Países Bajos, es necesario hacer una escala y cambio de tren en Osnabrück. Recuerdo que el recorrido fue largo pero agradable a la vista, pues pasas por muchas localidades y amplios campos aunque nunca logras darte cuenta de cuando dejas un país y entras en otro.  

Al llegar a Amsterdam me llamó la atención el número de bicicletas que había tanto estacionadas como en uso. Al salir de la Estación Central de trenes me dirigí a la oficina de turismo para comprar la tarjeta de descuentos de la ciudad con la finalidad de disfrutar de algunos de sus atractivos.





La capital de este pequeño país era muy interesante. Su arquitectura, sus grandes árboles, sus calles empedradas y sus canales la hacían verdaderamente memorable.

Observé que había muchos locales de souvenires con temas alusivos a lo sexual y a la libertad, también noté establecimientos de café y comida donde era permitido libremente fumar marihuana sin problemas.





Como teníamos poco tiempo nos encaminamos hacia el Museo Casa de Ana Frank para conocer más detalles de esta famosa niña que vivió escondida en ese inmueble junto a muchas personas más. 

La zona roja de Amsterdam no me impresionó demasiado pues la imaginaba más grande, sin embargo me dio mucha risa ver como podías ver a las sexoservidoras a través de una gran ventana y como la gente bromeaba o trataban de acordar algún encuentro con ellas.



Al día siguiente pude conocer el Estadio donde juega el Ajax y realizamos una visita al Museo de Van Gogh, donde pudimos ver solo algunas de sus obras más representativas ya que como era domingo, el museo cerraba más temprano de lo habitual.






Continuará...